El jeep de la fortuna

Libro leido: La pobre viejecita

Edad : 10 Años

Departamento : Caldas

Municipio : Risaralda

Nombre : Emanuel Castañeda Lopez

La pobre viejecita, Rafael Pombo. Papá tiene un jeep amarillo de servicio público y casi siempre me lleva y trae de la escuela, mientras mamá se queda en la casa haciendo los oficios. Hoy al medio día llegué con papá como de costumbre, mamá se estaba bañando y al salir me preguntó cómo me había ido, ella, muy afanada, fue a la cocina a servirnos el almuerzo, era sopa de alverjas, pero a mí casi no me gusta, hacía calor y al llegar mamá al comedor yo le respondí que a mí no me gustaba esa agua. Ella me miró y con lágrimas en su rostro me contestó: hijo, no te alcanzas a imaginar el gusto y amor con que te serví esta sopa. Por otro lado, papá se paró de la mesa y con una expresión de tristeza en su rostro me dijo: ¿acaso te has preguntado alguna vez como llegan los alimentos a esta mesa? Mamá seguía diciendo que cuántos niños en este momento no tendrían nada en sus mesas y anhelarían tener una sopa servida. De todas maneras, me tuve que tomar la sopa, estaba deliciosa: tenía zanahoria, cilantro, papas, etc., simplemente no era de mi agrado y se me salió llamarle “agua”. Esa tarde mamá estuvo triste y yo por mi parte me sentía muy incómodo, además recordé la conversación de mamá y papá la noche anterior, ellos creían que mis hermanos y yo dormíamos. Papá le contaba a mamá que la situación estaba muy dura y no tenía plata para el arriendo. En ese momento mamá me llamó de nuevo al comedor para que juntos hiciéramos el modelo atómico para la clase de ciencias. Entonces yo no pude resistir y lo abracé y le pedí disculpas por lo ocurrido, ella, nuevamente con lágrimas en sus ojos, pero con una sonrisa, también me abrazó. En la noche cuando llego papá, a pesar de lo ocurrido al medio día, llegó sonriendo contándole a mamá que en la tarde había hecho un viaje y ya tenía la plata para el arriendo, entonces, me acerqué a él y lo abracé. Y a los dos les prometí no volver a hacer algo parecido. En ese instante pensé en lo desagradecido que era como la pobre viejecita, pues ellos, a pesar de sus problemas y obligaciones, nunca se les oía quejarse, solo querían brindarme a mí y mis hermanos lo mejor y yo por el contrario solo estaba siendo injusto e inconforme. Finalmente, invito a aquellos niños, que al igual que yo les gusta leer, para que lo sigan haciendo y que motiven a las personas que los rodean a realizar también lecturas en familia, en las aulas de clase, cuando vayan de visita a donde sus abuelos, etc. Para que juntos experimenten la magia de la lectura y empleen de mejor manera el tiempo libre.

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