El impacto que da a mi vida el libro (el amor de padre e hijo)

Libro leido: EL OLVIDO QUE SEREMOS - HECTOR ABAD FACIOLINCE

Edad : 12 Años

Departamento : Antioquia

Municipio : Angostura

Nombre : Samuel Soto Zea

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince. Este libro me impactó de manera melancólica, dado que es un libro en el cual Faciolince narra de manera muy sentimental el amor que tenía por su padre y lo muy importante que fue Héctor Abad Gómez para el crecimiento de la salud pública en Antioquia y en el mundo, ya que ayudó a miles de personas por medio de su conocimiento y ganas de colaborar a los más desfavorecidos. “Yo amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor, sobre la cama, cuando se iba de viaje, y yo les rogaba a las muchachas y a mi mamá que no cambiaran las sábanas ni las fundas de la almohada. Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo. Cuando me daba miedo, por la noche, me pasaba para su cama y siempre me habría un campo a su lado para que yo me acostara. Nunca dijo que no. Mi mamá protestaba, decía que me estaba malcriando, pero mi papá se corría hasta el borde del colchón y me dejaba quedar. Yo sentía por mi papá lo mismo que mis amigos decían que sentían por la mamá. Yo olía a mi papá, le ponía un brazo encima, me metía el dedo pulgar en la boca, y me dormía profundo hasta que el ruido de los cascos de los caballos y las campanas del carro de la leche que anunciaban el amanecer.” Faciolince habla sobre cómo era de cariñoso su papá con él. Ya saliéndome un poco del contexto, a mí en lo personal, me hace falta un abrazo o un beso de mi papá o de mi mamá, a los dos los amo por igual y si me dieran a elegir entre uno de los dos, yo seguiría eligiendo a los dos. Cuando era pequeño el afecto físico lo sentía más de parte de ellos hacia a mí, pero ya llegando aproximadamente a la edad de 8 años eso fue cambiando (desde que tengo esa edad ninguno de los dos me da un beso o un abrazo), no sé por qué dejaron de hacerlo, pienso que es quizás por la forma que los educaron mis abuelos y por eso siguieron con esa cultura. Yo hasta el día de hoy sigo siendo ese mismo niño al que ellos le daban tanto afecto físico, dado que me comporto de igual manera, agrego este comentario porque en esta parte del libro me llegan esos recuerdos de mi niñez y me llega una especie de nostalgia a mi corazón (parezco el amigo de Abad Faciolince, que le expresa a final de su adolescencia, la envidia que sentía por las demostraciones de cariño de su padre hacia a él).

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